Cómo probar la accesibilidad de tu web en una tarde
Una secuencia que puedes ejecutar tú, sin comprar herramientas, que encuentra las barreras que más importan — y que te enseña exactamente dónde deja de servir el análisis automático.
Antes de empezar
Elige una página, no todo el sitio. Idealmente la que más valor mueve: un checkout, un registro, un formulario de contacto. Las plantillas se repiten, así que un hallazgo en una ficha de producto es un hallazgo en todas.
Trabaja en el orden de abajo. Está ordenado para que las pasadas más baratas vayan primero y cada una reduzca lo que tiene que mirar la siguiente.
1. Pasa un análisis automático (10 minutos)
Instala una extensión de navegador — axe DevTools, WAVE o la auditoría de accesibilidad de Lighthouse — y ejecútala.
Qué encuentra: imágenes sin alt, atributo lang ausente, campos sin etiqueta asociada, algunos fallos de contraste, id duplicados, enlaces y botones vacíos.
Qué no puede encontrar: si el texto alternativo es correcto, si el orden de foco tiene sentido, si tu modal atrapa el foco, si tus errores se anuncian, o si la página se puede usar. Una página puede pasar todas las comprobaciones automáticas y seguir siendo imposible de manejar.
Trata el resultado como una lista de correcciones baratas, no como una nota.
2. Desenchufa el ratón (30 minutos)
Es la media hora más rentable de toda la secuencia.
Aparta el ratón. Después:
- Pulsa Tabulador una vez al cargar. Debería aparecer un enlace para saltar al contenido.
- Recorre toda la página con el tabulador, vigilando el indicador de foco. No lo pierdas de vista en ningún momento.
- Abre cada menú, modal y desplegable. Tabula dentro. Pulsa Escape. Sal tabulando.
- Completa la tarea principal de principio a fin.
Apunta cada punto donde perdiste el indicador, no pudiste llegar a un control, no pudiste activarlo con Intro o Espacio, o no pudiste salir.
Si el foco desaparece alguna vez detrás de tu cabecera fija, eso es un hallazgo con entidad propia en WCAG 2.2 — el criterio 2.4.11 Focus Not Obscured.
3. Envía todos los formularios mal (20 minutos)
Rompe cada formulario a propósito: déjalo vacío, usa un correo mal formado, una contraseña corta, una tarjeta inválida.
Para cada error, hazte tres preguntas. ¿Está expresado con texto, y no solo con color? ¿Está asociado al campo al que se refiere? ¿Dice cómo corregirlo, en lugar de solo que algo está mal?
Después repítelo con un lector de pantalla funcionando, y escucha. Aquí es donde más y más silenciosamente falla la mayoría de los sitios.
4. Enciende un lector de pantalla (45 minutos)
Ya tienes uno. VoiceOver en macOS es Cmd+F5. El Narrador de Windows es Ctrl+Win+Intro. Aprende cuatro comandos y quédate ahí: no intentas convertirte en usuario experto, intentas oír tu propia página.
Después escucha:
- Los encabezados, leídos como lista, ¿forman un esquema de la página?
- ¿Los enlaces tienen sentido fuera de contexto, o seis de ellos son “leer más”?
- Los botones de solo icono, ¿se anuncian como algo más que “botón”?
- Cuando algo se actualiza sin recargar — el total del carrito, un filtro, un mensaje de “guardado” — ¿se anuncia siquiera?
Un matiz importante. No estás comprobando si una persona usuaria de lector de pantalla puede usar tu sitio. Estás encontrando sitios donde evidentemente dice lo que no debe. Eso vale mucho, y no es la misma afirmación.
5. Zoom y reflujo (15 minutos)
Pon el navegador a 1280px de ancho y haz zoom al 400%. La página tiene que reorganizarse en una sola columna sin scroll horizontal — es el criterio 1.4.10 Reflow, y cubre la magnificación en escritorio, no solo los móviles.
Después aplica espaciado de texto aumentado (interlineado 1,5; espacio entre párrafos 2em; entre letras 0,12em). Nada puede quedar cortado ni superponerse.
6. Quita el color (5 minutos)
Mira la página en escala de grises. Todo lo que ya no puedas distinguir dependía únicamente del color: campos obligatorios, estados de error, series de un gráfico, enlaces dentro del texto, pestañas seleccionadas, variantes de producto.
Qué vas a tener, y qué no
Después de una tarde habrás encontrado, siendo realistas, la mayoría de las barreras críticas de esa página — porque las críticas son casi siempre fallos de teclado y de formularios, y esta secuencia está construida alrededor de eso.
Lo que no vas a tener es confianza sobre lo que se te ha escapado, y esa brecha es el argumento honesto para una auditoría externa, no un argumento de venta. Probar tu propia interfaz tiene el mismo punto ciego que corregir tus propios textos: sabes lo que se supone que hace, así que la manejas como espera que la manejes. Quien no la ha visto nunca, no.
Tampoco vas a tener lo que pide un pliego de contratación o un asesor jurídico: hallazgos reproducidos, documentados con evidencia, asociados a criterios de éxito y fechados.